¿Destino o Creadores de Destino?

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¿Somos nosotros los que vamos construyendo nuestro camino o este ya está establecido? ¿Te ha pasado que tienes el plan de realizar algo y a veces las cosas no salen como esperabas? Platicando con los demás hemos coincidido sobre situaciones que se presentan en el día a día y que a veces las cosas no salen como esperamos. Es necesario tener presente y detectar los indicadores diarios en nuestra vida. 😊

 

¿Te has dicho alguna vez “Parece que se complica y hay demasiados obstáculos”? ¿Cuáles son aquellos indicadores que nos van guiando en el camino hacia nuestros sueños? Y… ¿Cómo sabemos que son obstáculos y no desidia y/o apatía? O mejor aún ¿Cómo utilizar los obstáculos e indicadores a favor?

Primero y muy importante, es tener en cuenta cuál es tu esencia de vida. Te sugiero que veas la película de Stephen Hawking. Es un acercamiento a nuestra propia razón de Ser y de cómo vamos evolucionando junto con el Universo.

No hay nada que exista a nuestro lado que no tenga una razón de ser. Todo lo creamos y gestionamos nosotros, además de que esta decisión está vinculada con el Universo en general.  Es una relación de ida y vuelta.

Pongo un ejemplo. – El cuento Sufi.-  Lao Tseu.

Buena suerte, mala suerte…

Había una vez un hombre que vivía con su hijo en una casita del campo. Se dedicaba a trabajar la tierra y tenía un caballo para la labranza y para cargar los productos de la cosecha, era su bien más preciado. Un día el caballo se escapó saltando por encima de las bardas que hacían de cuadra.

El vecino que se percató de este hecho corrió a la casa del hombre para avisarle:

-Tu caballo se escapó, ¿que harás ahora para trabajar el campo sin él? Se te avecina un invierno muy duro, ¡qué mala suerte has tenido!

El hombre lo miró y le dijo:

-Buena suerte, mala suerte, ¿quién sabe?

Pasó algún tiempo y el caballo volvió a su redil con diez caballos salvajes más. El vecino al observar esto, otra vez llamó al hombre y le dijo:

-No solo recuperaste tu caballo, sino que ahora tienes diez caballos más, podrás vender y criar, ¡qué buena suerte has tenido!

El hombre lo miró y le dijo:

-Buena suerte, mala suerte, ¿quién sabe?

Unos días más tarde el hijo montaba uno de los caballos salvajes para domarlo y calló al suelo partiéndose una pierna. Otra vez el vecino fue a decirle:

– ¡Qué mala suerte has tenido!, tras el accidente tu hijo no podrá ayudarte, tu eres ya viejo y sin su ayuda tendrás muchos problemas para realizar todos los trabajos.

El hombre, otra vez lo miró y dijo:

-Buena suerte, mala suerte, ¿quién sabe?

Pasó el tiempo y estalló la guerra con el país vecino de manera que el ejército empezó a reclutar jóvenes para llevarlos al campo de batalla. Al hijo del vecino se lo llevaron por estar sano y al accidentado se le declaró no apto. Nuevamente el vecino corrió diciendo:

-Se llevaron a mi hijo por estar sano y al tuyo lo rechazaron por su pierna rota. ¡Qué buena suerte has tenido!

Otra vez el hombre lo miró diciendo:

-Buena suerte, mala suerte, ¿quién sabe?

Este cuento sufí me parece una joya que nos aporta numerosas lecturas, además de la facilidad con la que emitimos nuestros juicios, nos recuerda que la suerte no siempre llega de la forma esperada y que es necesario escuchar las señales que la vida nos da. Por lo que yo creo que es necesario desarrollar estas tres características personales “Voluntad, templanza y cooperación”

¿Tú que opinas? Observa este video y en la siguiente ocasión compartimos los indicadores que la vida nos da.

Beatriz Gómez Sánchez

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